
Imagen de una animación en flash interactiva que estoy haciendo. En la barra negra irán botones. Es la escena de una película, ¿la recuerdan?
7 Abril 2012Este es el primer capítulo de una historia que aún no le tengo fin y de que seguro me tomará más tiempo del necesario en escribirla. Espero que disfruten leer este borrador, yo me entusiasmo mucho cuando la estoy escribiendo.
-Capítulo Uno-
Tinieblas
-1-
Zonas ascuas, calles sin vigilia y luces que no abordaban más que el triple de su fuerza. Las sombras invadían lo demás. Las estrellas eran inservibles a pesar de su luz. Parecían toscos puntos amarillos sin vida.
Estaba desierto. En plena noche.
A pesar, ruidos lejanos erizaban los cabellos. Eran indescifrables.
Pero caminaba, a pesar de todo, adelante siempre…aunque muerto de miedo.
No sabía porqué, no sabía cómo. Sólo terminó allí caminando. No recordaba nada más y eso empeoraba su estado. La ausencia de brisa y los sonidos siniestros casi inaudibles le obligaban a rogar salir de allí, despertar, morir, lo que fuese primero.
Llegó hasta la mitad de la calle y un ruido seco lo paralizó. Fue cercano, demasiado, y a sus espaldas. Ahogando un grito, giró lentamente sobre si. Unas ramas secas estaban entre una larga cerca de barrotes metálicos. Pensó que podría ser el viento. Entonces vio un movimiento y sintió la repetición del sonido.
“Las ramas”, pensó aliviado.
Entonces captó que no había viento y se estremeció. Las ramas se movían más violentamente y los ruidos se incrementaban. Unas cuantas ramas se rompieron dejando en su lugar un gelatinoso tentáculo negro. El pequeño estaba en shock. No podía moverse. Sus pupilas hundidas y una marca húmeda en sus pantalones revelaban su estado. El miedo era parte de él y hasta él estaba aterrado.
Los tentáculos se multiplicaron y se enredaban en la cerca. No podía ver el final de la cerca pero los tentáculos caían sobre ella y la cruzaban. Un enorme montículo negro se abalanzó sobre ella son furia. El pequeño saltó. Estaba a punto de llorar de terror. La bola golpeó dos veces más hasta derribar la cerca. Los enormes barrotes cayeron pesadamente. Los tentáculos se enroscaron sobre si y levantaron junto a la mole negra. Dos bolas blancas aparecieron de sorpresa. En ellas, un grotesco espiral rojo se movía hipnóticamente. El niño los miró directamente y por un segundo olvidó todo el miedo y las ganas de llorar.
Estaba tranquilo.
El boulbor aprisionó al niño entre sus tentáculos y comenzaba a asomar sus agujas rojas para inyectar su veneno. La escena le obligó a maldecir. Otra vez había llegado tarde.
- Pero no tanto – se dijo.
Corrió hasta el boulbor sacando su espada. Sus ojos brillaron en tonos carnívoros ante la escasa luz y cortó los tres tentáculos que sostenían al niño. Ella lo cogió en brazos y corrió unos metros alejándose de la ira del boulbor herido.
Con sus dedos en la boca silbó en un tono muy agudo. El boulbor se estremeció ante el ruido y se enfocó en su agresora. Ella aguardó ante el inminente ataque, dando la espalda al niño acostado en el suelo y con su espada en ambas manos.
Sonrió ante la bestia.
El boulbor estiró sus tentáculos abriéndolos y dejando ver sus siniestras agujas rojas. Antes de tocarla, una enorme bestia surgió de la nada y derribó al boulbor. Lo lanzó de un fuerte golpe contra los árboles secos.
El niño abrió levemente los ojos. Ante él se alzaba un enorme animal en forma de lobo. De color gris plateado cuyo pelaje formaba tenues sombras que lo acariciaban y rodeaban. Sus ojos rasgados y rojo brillante denotaban toda su furia. A su lado vio la silueta de una niña delgada y blanca con una relampagueante espada en sus manos. Corrió con furia hasta perderse entre unas sombras.
Intentó moverse y un punzante dolor lo detuvo. Fuertes calambres lo agobiaban. No podía gritar, el dolor apagaba hasta su voz y devoraba todo su ser.
Svajoné saltó sobre la bestia cortándole cinco tentáculos de un golpe. Al tocar el suelo, saltó en una elegante pirueta a cubierto y se puso en guardia. Sabía exactamente dónde atacar, pero el boulbor no ofrecía oportunidad para acertar el golpe.
- Vamos – susurró Svajoné.
El boulbor se alzó. Reemplazó sus tentáculos cercenados y rápidamente se lanzó sobre Svajoné. Ella rió por lo bajo y saltó milésimas antes que la bestia la embistiera. Dando una pirueta mortal con total gracia, apuñaló uno de los ojos de espiral del boulbor. Su impulsó movió el ojo hasta el suelo donde pudo liberar la espada y cubrirse del ácido que expulsaba. El suelo se desintegró hasta formar un profundo poso lleno de oscuridad. La bestia se retorcía de dolor y su único ojo giraba su espiral frenéticamente enfocada en Svajoné.
- ¡Varg! – gritó.
El lobo embistió al boulbor por la espalda proyectándolo hacia Svajoné. Fue tal la sorpresa que no alcanzó a mover su único ojo y quedó fijo hacia el filo de la espada. Svajoné lo apuñaló rápidamente y saltó sobre la criatura partiendo el ojo en dos. El boulbor se estrelló contra unas gruesas y agrietadas paredes de gran altura. Chorros de sangre verde y negra salían de su cuerpo. El ácido caía de su ojo perforando la pared. Se retorcía con violencia y su chillido provocaría dolor en cualquier oyente. Svajoné estaba acostumbrada, su ruido no la afectada en lo absoluto.
Segundos después, el boulbor murió. Su cuerpo se pudrió al instante dejando un fétido charco negro-verdoso en su lugar. Burbujas con gas metano reventaban en él. A pesar de estar muerto seguía siendo peligroso.
Era sólo veneno.
Svajoné guardó su espada. Suspiró ante el alivio de otro boulbor muerto. Llamó a Varg y acarició su hocico.
- Este era uno pequeño – dijo -. Pero igual hizo daño el muy maldito.
Se acercó al niño. Estaba pálido e inconciente. Svajoné sabía qué significaba. Sus labios violetas lo decían todo: el veneno del boulbor estaba actuando. Rajó su camiseta sólo para ver su pecho que se contraía con violencia dejando ver en cada contracción unos pequeños tentáculos que se movían en su interior.
- Se transforma – susurró.
Volteó a mirar el burbujeante charco negro.
- Maldito.
Cerró los ojos y aspiró profundamente. Sabía qué tenía que hacer. Era terrible, pero necesario. Muy necesario. Ya existían muchos monstruos así en el mundo como para dejar crecer uno más. Debía hacerlo ahora o enfrentaría otra lucha.
- Varg – murmuró. El lobo alzó sus orejas y se saboreó sus afilados colmillos -. Comételo.
El lobo abrió su enorme hocico y devoró al niño en dos crujientes y sangrientos bocados. La sangre caía en tres tonalidades. El veneno había actuado muy aprisa.
Svajoné dio un pisotón, furiosa. Las luces se apagaban y unas grietas cubrían todo el lugar, hasta el mismo cielo, desgarrando el entorno como papel.
La oscuridad se hizo presente y unos fuertes vientos los transportaron lejos a su hogar.
-2-
Svajoné estaba frustrada. No era el primer infante que perdía en su vida, pero siempre era horrible. A veces creía ver las expresiones de los padres que encuentran a su hijo o hija fríos como el hielo por la mañana, sin una gota de sangre en sus pequeños cuerpos. Quería sentir algo más por ellos que rabia por si misma, pero no podía. Había olvidado cómo hacerlo. Y sabía que aunque recordase, su cuerpo no la ayudaría.
Subió las escaleras de caracol hasta su habitación. Varg descansaba abajo, en la sala. Lamía sus labios y se limpiaba los dientes aún con rastros de sangre. Svajoné dejó su espada en su armario. Debía limpiarla antes de la siguiente noche pero podía esperar. Estaba agotada y muy desanimada para mantener su fría rutina. Se quitó la ropa y se situó en su signo dibujado en el centro de la habitación. Abrió sus brazos moviendo sus manos al son de una música ausente. Inclinó la cabeza hacía atrás para recibir un haz de luz azulada en su cara. La luz la levantó del suelo y, cómodamente, la dejó paralela a éste. Cruzó sus brazos sobre su pecho y dio un último respiro.
Su conciencia se desvaneció súbitamente.
Varg estiró todas sus patas mientras las sombras sobre su pelaje lo envolvían en un negro absoluto. Cerró los ojos y se acostó sobre su suave alfombra.
Sonreía complacido y satisfecho.
-3-
Despertó en las afueras de un magnífico castillo. Las puertas eran enormes, torcidas, con numerosas antorchas a su alrededor, dándole un aspecto siniestro en ese ventoso atardecer. Ella se acercó. Las puertas se abrieron con un chirrido que estremeció el suelo. Las piedras en el suelo eran negras, sus uniones grises.
Un hombre jorobado se acercó a ella. Hizo una formal reverencia y le tendió la mano. Su voz jugaba en contra de su mal torcida cara: era suave y gentil.
- Acompáñeme – dijo.
Ella tendió su mano. Sintió la mano del hombre áspera, con muchos grumos. La condujo entre las estrechas calles con casas de considerable altura. Múltiples ojos salían a verla. Podía sentir alivio en ellos y una grata bienvenida.
Al final se detuvieron frente a las puertas de un palacio. Eran de oro, torcidas, con miles de relieves que formaban animales y flores de extrañas especies.
Las puertas se abrieron.
Chipas llegaban a sus ojos. La visión se distorsionaba. La voz del hombre se perdía a lo lejos. Su tono cambiaba malignamente.
Al final, sólo oscuridad.
- Siempre es igual – gruñó Svajoné -. Nunca sigue más allá.
Apagó su esfera. El sueño se evaporó dentro y se guardó en el pilar de huesos.
- ¿Crees que alguna vez encontremos el sueño completo?
Varg no respondió. Sus ojos rojos parpadearon y quedaron semiabiertos.
- Te entiendo. Ni siquiera sé qué significa – suspiró -. Tantos años buscando entre los sueños y apenas llevamos estos pocos minutos que nada nos dicen. Ni siquiera sale un reflejo de ella -. Salió de la sala de ensoñación junto a Varg. Cerró las puertas y dibujo tres círculos con su mano para cerrarla -. Pero sabemos que es un “ella”, al menos.
Frustrada fue a la sala de armas. Como todas las habitaciones en su hogar, el techo era completamente negro sin indicios de tener fin. Todo lo demás estaba parcialmente iluminado, casi tenuemente. Su espada y la que ha sido por siempre el arma de los Defensores, estaba flotando sobre su atril en el centro de la sala. Svajoné la tomó y la sacó de la funda. Frotó la hoja con sus dedos hasta sangrar, luego la cubrió con la misma en su totalidad. La espada absorbió la sangre y brilló más intensamente en modo de gratitud. Svajoné lamió sus dedos y sus heridas cicatrizaron en el acto. Guardó la espada en la funda y la sacó de la habitación.
Dentro de la sala de búsqueda, chispas de color azul brotaban del suelo. Una voz metálica salía de ellas al reventar. Clamaba por Svajoné.
- Si, ya estoy aquí – contestó ella antes de que terminara de pronunciar su nombre -. ¿Qué quieres?
- Veo que ya estás preparada.
- Te conozco. Sé que llamarías a esta hora.
Las chispas se convirtieron en llamas. Éstas danzaron riendo.
- Sabes que el tiempo no tiene cabida aquí.
- No me interesa – replicó ella -. Tengo mi propia forma de medir mi tiempo.
Las llamas tomaron una forma danzante con múltiples brazos abiertos.
- ¿Qué quieres?
- ¿Qué sabes de las gemelas Alistar?
Los brazos se revolvieron creando dos figuras infantiles. Un par de niñas idénticas flamearon ante Svajoné en tamaño natural. Ambas la miraron sin vida en los ojos.
- Las conozco – contestó -. Eran esas gemelas que podían interpretar los sueños mejor que nadie.
- Exacto – dijeron las llamas.
- ¿Qué pasa con ellas? ¿Acaso no están muertas?
- Eso no importa y lo sabes.
- Si, si, si – repitió ella.
Svajoné acomodó la espada en su espalda. Varg entró en la habitación bufando con furia al ver a las gemelas. Svajoné lo miró. Sabía que aquello no significaba nada bueno.
- ¿Qué pasa con ellas? – insistió.
- Ocurre que los boulbors también las conocen y quieren entrar a sus sueños.
- Creí que eso ya lo había solucionado mi anterior.
- No en la realidad que te menciono.
Svajoné maldijo por lo bajo.
- Sabes que ellas podían comprender los sueños, pero no sabías que alguien que desconozco les enseñó a controlarlos a voluntad. Más aún, a poder interactuar entre sus sueños. Los boulbors saben esto y no tengo que decirte qué podría pasar si esas bestias ponen sus tentáculos en sus mentes.
- Me gustaría que lo dijeras. Sabes que ya no tengo imaginación.
Las llamas bramaron con furia. Svajoné sonrió.
- Nosotros ordenamos los sueños, Svajoné. Nosotros los controlamos, nosotros los mantenemos armónicos. Regulamos las pesadillas. Impedimos que salgan al mundo real. Recuerda. Como Defensores debemos detener a toda criatura de pesadilla que quiera salir al exterior, aunque ello implique matar al soñador. Debes destruir a los boulbor, Svajoné. Es por eso que existes aquí y ahora. Y es por eso que no ordeno a Varg que te coma.
- Debería estar agradecida – dijo sarcásticamente.
- Debes ir en busca de las gemelas Alistar ahora mismo. Cualquier segundo que perdamos nos hace más vulnerables ante los boulbors.
- Creí que el tiempo no regía aquí.
- Sabes que me refiero al tiempo real – replicaron las llamas -. Ahora ve.
- Y ten cuidado – murmuró Svajoné.
- Y ten cuidado – dijeron las llamas al consumirse.
Svajoné sonrió.
- Tenemos trabajo, Varg.
Varg asintió. Una densa bruma negra brotó de su cuerpo y lo envolvió rápidamente. Relámpagos rojos bullían de su interior y terminaron en un gran estruendo. La nube negra se disipó dejando ver a un hombre delgado y alto, con los rasgos duros y filosos. Unos fríos ojos ámbar y una voz seductora y maligna.
- Debemos irnos.
A pesar de los incontables años que han pasado juntos, la voz de Varg siempre genera un escalofrío en Svajoné.
- ¿Dónde exactamente?
Varg habló en la lengua original de los sueños con una voz gutural. Un portal se abrió a sus pies. Burbujas negras y viscosas reventaban dentro del mismo.
- Siempre me ha dado asco todo esto – dijo Svajoné lanzándose al interior.
Varg se lamió los labios dejando ver su afilada y larga lengua y se sumergió en el portal.
-4-
La ciudad bullía en humo y ruido. La industrialización había alcanzado niveles increíbles en pocos años y el ambiente rápidamente se volvió gris ceniciento, húmedo y brumoso. La pobreza se había incrementado, así como la prostitución y los huérfanos. Era común ver niñas vendiéndose por comida en las calles.
Svajoné notó y recordó eso y más mientras caminaba junto a Varg por aquellas transcurridas, repletas y malolientes calles.
- Podrán decir de todo sobre esta época, pero vivirla es una porquería – comentó Svajoné evitando a unos niños que habían tirado de su vestido.
- Calma – dijo Varg.
Svajoné lo miró con furia.
- Para empezar debiste haber elegido otro lugar para llegar – dijo señalando todo a su alrededor: una niña cortejando a un hombre con sombrero en una esquina. Unas personas olisqueando basura en las calles. Unos hombres bien vestidos caminando y pateando a cuanto pobre se les cruzasen. Unas mujeres andrajosas riendo y robando por doquier. – Y otra ropa que llevar.
Varg miró rápidamente su atuendo. Era una adecuada teñida de época. Un sofisticado traje negro con colleras. Un abrigo de cuerpo completo más un sombrero de copa alta.
Él la observó sin comprender.
- No me mires así, sabes a que me refiero.
Svajoné relució su largo vestido púrpura con mangas y guantes negros.
Varg frunció el ceño.
- No me gusta usar tanta ropa, es eso.
Se introdujeron en un callejón donde una densa neblina cubría el piso. Las paredes de los edificios se apretaban en la altura, dejando ver el lugar como una caverna. Alrededores vagabundos durmiendo, basura, heces, gatos y perros completaban el ambiente. El hedor reinante era insoportable. Svajoné se cubrió la cara con sus manos y maldijo el olor. Varg avanzaba sin inmutarse.
- Hola, señorita – saludó un hombre sin dientes tumbado en la calle -. ¿Busca compañía?
Svajoné lo fulminó con sus ojos azules con aureola verde. El hombre se alteró. Jamás había visto ojos así y la sensación de muerte que le dejó.
- Esto me molesta – dijo Svajoné -. ¿Dónde vamos exactamente?
- Falta poco – contestó Varg.
Llegaron al final del callejón donde una enorme pared les cerraba el camino. Svajoné miró de reojo a Varg esperando una respuesta. Él le dio la espalda y se enfocó en el cielo que apenas se veía.
- ¿Qué buscas?
Varg pidió silencio. Svajoné se concentró en su entorno buscando lo que sea que Varg quisiera localizar. Dio fuerza a sus oídos y a su olfato. Con dificultad pudo burlar el hedor y enfocarse en los demás aromas, que eran muy sutiles.
Entonces captó. Había algo allá arriba.
Dio fuerza a sus ojos. Sus aureolas verdes giraron hasta darle un peculiar brillo.
Una extraña forma se movía entre las paredes. Parecía humanoide. Svajoné pudo identificar siete extremidades y una especie de cabeza que brotaba y se fundía con el cuerpo a cada momento. Todo en aquella criatura le resultaba muy familiar.
Varg llamó en el idioma antiguo y la criatura bajó reptando rápidamente. Era más pequeño que Svajone. De una monstruosidad increíble. Cuatro brazos y tres piernas humanas, de diferentes tamaños y orígenes. Aún conservaban la ropa de sus antiguos dueños. Su cuerpo era una masa cubierto de venas palpitantes.
- Un chylorg – murmuró Svajoné.
El chylorg asomó su cabeza. Un horrible cosido de partes de cabezas humanas con ojos de cristal trasparentes. Sonrió mostrando sus afilados colmillos.
- Buscamos información – dijo Varg.
- Si, si, información – graznó el chylorg.
- Las gemelas Alistar, ¿dónde están? – exigió Svajoné.
El chylorg sonrió y escondió su cabeza en su cuerpo. Saltó sobre ellos y quedó aferrado en otra pared. Sacó su cabeza. Era una cabeza de niño que habló con voz de mujer.
- ¿Qué ofrecen?
Svajoné recordó que esas criaturas siempre piden algo a cambio y que conviene que sea bueno. Los chylorgs son agresivos negociantes y siempre están dispuestos a matar si no obtienen lo que quieren. Pero siempre se puede contar con que ellos consigan lo que sea y de la forma que sea.
- ¿Qué quieres? – preguntó Varg.
La criatura se dejó caer y se alzó en sus tres piernas y cruzó las manos de sus cuatro brazos. Su cabeza cambió a la de una anciana con una masculina voz.
- Una aguja curva de un boulbor – dijo.
Svajoné meditó su respuesta a una fría mirada de Varg. Estaba a punto de saltar y matar a aquella cosa, pero necesitaba saber dónde encontrar a las gemelas y sabía que nadie más podría ayudarla.
- Los boulbors no tienen agujas curvas – contestó Svajoné con voz contenida.
- El rojo si – dijo el chylorg.
Saltó hasta la pared de la derecha y subió a prisa repitiendo sus últimas palabras. Se perdió de vista, olor y sonido. Varg gruñó y dio media vuelta.
- ¿Un boulbor rojo? – murmuró Svajoné sonriendo -. Esto se pone interesante.
Yog no estaba contento. Las llamas podían reflejarlo. Svajoné se quitaba el vestido en su habitación y lo dejó sobre la cama. Permaneció con el corsé puesto durante toda la charla.
- En verdad no sé porqué te pones así – dijo ella -. Nunca he visto un boulbor rojo.
- Esperaba que nunca lo hicieras – replicó Yog.
- ¿Por qué? ¿Muerden?
- Peor que eso. Pueden matar con solo tocar.
Svajoné no estaba impresionada. Se quitó las cintas del pelo y lo dejó caer sobre sus hombros.
- Y son más grandes de lo que imaginas.
- ¿Qué tanto?
- Hasta los demás boulbors les temen. No es conveniente acercarse a uno de ellos. Y más aún enfrentarse a ellos. Muchos Defensores antiguos han perecido al luchar contra ellos.
Svajoné tragó saliva. Ese dato le era muy nuevo. Tanto que le dejó sorprendida.
- No lo sabías porque no quería que lo supieses. Eso ocurrió en los primeros sueños. Cuando todo era joven, incluso Varg. Desde que el último Defensor murió junto a un boulbor rojo, no se han tenido registros de ellos.
Svajoné cambió la sorpresa y un intento de temor por la máxima frustración. Si desde esos sueños que no se ven boulbors rojos, es imposible que pueda encontrar uno ahora. Más aún si piensa matarlo.
- Mierda, Yog, es todo lo que puedo decir.
- Te sugiero que busques otras alternativas y des pronto con las gemelas.
- Sabes que no tenemos otra fuente. Las gemelas han bloqueado todos nuestros métodos de búsqueda de sueños y en ésta época buscar a una persona no es como gritar y dar con ella. Es complicado y lo sabes. Más aún si tenemos que regirnos por el tiempo.
Las llamas azules comenzaban a consumirse. Yog sólo dijo:
- Apresúrate.
Y se extinguió ante Svajoné.
Ella escupió y apagó el último fulgor azul. Se sentó en la cama y sintió su suavidad. Muy escondido en su mente existían sensaciones similares de comodidad y de un agradable placer sobre una de éstas cosas. Pero ahora le eran desconocidos y no podía dormir sobre ellas. Más aún, ya no podía dormir.
- Necesito salir de conciencia – se dijo.
No quiso salir a molestar a Varg. Sabía que él ya estaba envuelto en tinieblas descansando y alimentándose de las energías oníricas. Sabía que sólo una forma le quitaría la conciencia para descansar en el mundo real. Mordió sus dedos hasta sangrar. Dibujo dos espirales en sus mejillas con sangre y luego bebió tres gotas. Su cuerpo cayó sobre la cama y rebotó. Golpeó con violencia el suelo de madera pero no importó. Ella ya estaba sumida en su descanso profundo.
-5-
- ¿Qué tenemos aquí? – preguntó Alma.
- Otro niño sin sangre – contestó Raúl.
- ¿Otro? ¿Cómo que…? – Balbuceó -. ¿A qué te refieres con “otro sin sangre”?
Raúl detuvo la camilla al centro de la sala. Sacó la hoja de traslado para que Alma firmara junto con un lápiz.
- ¿No haz escuchado sobre los casos de los niños que amanecen muertos y sin sangre? – preguntó -. Recién ayer emitieron un reportaje sobre eso. ¿Sabías que se han encontrado casos desde el inicio de la historia y todavía nadie sabe porqué ocurre? Es increíble.
- Conozco ese fenómeno, pero no entiendo porqué dices otro más.
- Ah, eso. Cuando estuviste de vacaciones llegó una niña de ocho años sin sangre y con los ojos completamente blancos. En verdad que daba miedo. Y te lo digo yo, sabes.
Alma tomó la hoja y la firmó.
- ¿Raúl? – dijo Alma desvelando el cadáver.
- ¿Sí?
- Hoy volví de vacaciones.
Él chasqueó la lengua.
- Cierto – contestó -. Ayer llegó la niña. Está por la fila B. La etiquetaron como “E.E.”. Nos vemos.
Raúl salió de la morgue cerrando las puertas tras de si. Alma se quedó mirando el cadáver del niño. Estaba tan pálido como las mantas que lo cubrían. Sus ojos estaban abiertos violentamente y sin corneas: puramente blancos.
Fue hasta la fila B y buscó las iniciales. No fue difícil ya que destacaban a simple vista. Sacó el cuerpo y le quitó las sábanas. Salvo porque se trataba de una niña de casi la misma edad, el resto era exactamente igual.
Alma sacó su grabadora.
- Son las diez de la mañana del 11 de octubre. Un pequeño acaba de llegar sin rastro de sangre en su cuerpo. Sus ojos están sumamente dilatados y no hay rastro de sus pupilas. Procederé a realizar la autopsia – miró a la niña -. Al parecer existe otro cuerpo similar. Una niña de ocho años que presenta las mismas características de defunción – suspiró -. Ambos casos con E.E.
Apagó la grabadora. Se preparó para la autopsia dejando el cuerpo bajo la luz junto a todos sus instrumentos a un costado.
Tomó el bisturí y comenzó la inserción.
- Extremadamente Extraños – murmuró mirando los ojos sin vida del pequeño -. Qué triste.
6 Abril 2012 ♥ 2











